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La ocasión lo es todo

por / sábado, 26 marzo 2016 / Publicado enVarios

Mujeres cazando mariposas

     Días esperando que instalaran el puesto ambulante. Palpó el papel doblado -he de llevar la receta a la farmacia antes de que caduque otra vez- dentro de su bolso. Una ráfaga de viento trajo hasta sus pies una bolsa de plástico. La primavera apuntaba destrozando nubes, el humor, la vida y el sentido del tiempo.

     “Los auténticos buñuelos de calabaza, no pierda la ocasión, que la pintan calva”. Leyó el cartel que la vendedora colocó al fondo del remolque. Setenta años, pómulos prominentes, nariz aguileña. En su mano izquierda sujetaba una bola amarillenta y en la otra sostenía un palito de cedro con el que volteaba una masa. Un buñuelo dorado danzaba en el tanque de aceite hirviente. La Vieja friendo huevos. La mujer llevaba un pañuelo en la cabeza.

-Media docena.

-¿Azúcar?

-Un poco. ¿Cuánto es?

     Pagó y se sentó en un banco al sol. Ese sabor entre dulce y salado, no se parecía a ningún otro. El viento escampó una nube de olor ácido y tibio desde la parada. El cuarto aro crujiente se le atragantó. Se le paró el bocado. Cinco toses. Sangre. Regurgitó un pulmón de arena. Y un pelo. Un cabello plateado. Angustia, odio, asfixia. Lanzó el resto de los dulces al contenedor.

     Como un resorte, unos dedos llenos de mugre empujaron la tapa, abriéndola de una estampida. Cubierto por un gorro de lana, asomó un joven enjuto que ágilmente saltó afuera. Con el garfio de acero de la pértiga pescó el regalo. Una de sus chanclas acabó al medio de la calzada. El autobús chirriante la aplastó. Indiferente, el indigente se lanzó por Los Chichos sobre su viejo carro de la compra cargando la chatarra de las vidas del vecindario. A gritos siguió su ruta engullendo el último buñuelo.

     El aullido seco de una ambulancia la distrajo de la escena. Los camilleros, chillando, intentaban recoger restos del accidentado. El amasijo perdió algo que le cubría restos del cráneo. Adivinó un trozo de calva del que brotaba una liana de mechones canosos hacia el rostro. Era la buñolera. De Velázquez.

                                                                                                       ∞§♣§∞

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