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DÉFICIT DE AMISTAD

por / lunes, 29 septiembre 2014 / Publicado enCon hijas y a lo loco 360º

Deficit de amistad

Este principio de curso va a ser memorable. Lo es. Profesores nuevos, alguno muy bueno,  otro empieza desafinando. líos, como tú dices, con tus amigas. Tus líos. Porque la toxicidad tiene cara de Rocío.  Esa con la que has compartido toda suerte de secretos. Y te enredas porque hacéis cosas que ya no no son un juego de niñas. Lo aprendes a golpe de desengaño.

Eres conexión pura. Pero no ves lo que no ves. Aquello que no está en tu mapa con márgenes de inocencia e inexperiencia puras. Sientes rechazo por tu amiga Rocío. Tus tripas rugen y rugen.  El tigre, tu fiera interior,  se revuelve cerca del fuego. Y lo galopas arrasando afectos, lealtades.  Las ramas te arañan la cara, el pecho. Te dejas la piel y  de repente, una te llega al  alma. La miras. Descubres lo que el corazón esconde. Oro puro. Envuelto por una resina. Pegajosa y amarga;  te sabe a  decepción.

Un amigo me pregunta si me gustaría volver a tener tu edad. ¡Claro!, sabiendo lo que sé ahora. Y una de las cosas que quiero transmitirte, es: las emociones negativas no son malas. Simplemente te hacen consciente de situaciones, lecciones de vida. No es fácil reconocerlas, nombrarlas, ni vivir con ellas. Por ello te escribo esta carta.  Párate en este fragmento de Date permiso, de Joaquín Argente.


Me doy permiso para separarme de personas que me traten con brusquedad, presiones o violencia, de las que me ignoran, me niegan un beso, un abrazo…

No acepto ni la brusquedad ni mucho menos la violencia aunque vengan de mis padres o de mi marido, o mujer. Ni de mis hijos, ni de mi jefe, ni de nadie. Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento fuera de mi vida. Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás. Merezco también consideración y respeto.

Me doy permiso para no obligarme a ser “el alma de la fiesta”, el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.

No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado. Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso. Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme. Mi presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más. Me doy permiso para no hundirme las espaldas con cargas ajenas.

Me doy permiso para dejar que se desvanezcan los miedos que me infundieron mis padres y las personas que me educaron. El mundo no es sólo hostilidad, engaño o agresión: hay también mucha belleza y alegría inexplorada. Decido abandonar los miedos conocidos y me arriesgo a explorar las aventuras por conocer. Más vale lo bueno que ya he ido conociendo y lo mejor que aún está por conocer. Voy a explorar sin angustia.

Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente. No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente. Me permito rechazar las ideas que me inculcaron en la infancia intentando que me amoldara a los esquemas ajenos, intentando obligarme a ser perfecto: un hombre sin fisuras, rígidamente irreprochable. Es decir: inhumano.

Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; y asumo mi derecho a ponerles límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable. No he nacido para ser la víctima de nadie.

Me doy permiso para no estar esperando alabanzas, manifestaciones de ternura o la valoración de los otros. Me permito no sufrir angustia esperando una llamada de teléfono, una palabra amable o un gesto de consideración.

Me afirmo como una persona no adicta a la angustia. Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio. No espero a que vengan esas consideraciones desde el exterior. Y no espero encerrado o recluido ni en casa, ni en un pequeño círculo de personas de las que depender.

Al contrario de lo que me enseñaron en la infancia, la vida es una experiencia de abundancia. Empiezo por reconocer mis valores, Y el resto vendrá solo. No espero de fuera. Me doy permiso para ser inmune a los elogios o alabanzas desmesurados: las personas que se exceden en consideración resultan abrumadoras. Y dan tanto porque quieren recibir mucho más a cambio. Prefiero las relaciones menos densas.

Me permito un vivir con levedad, sin cargas ni demandas excesivas. No entro en su juego. Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico. Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer, me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no. Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir “no”.

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